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Belleza y Cuidado Personal en la Cultura Azteca

Los aztecas, en muchos aspectos, eran un grupo bastante sofisticado, no menos en términos de higiene y apariencia personal. El Conquistador Bernal Díaz, en su diario, escribió que Montezuma mismo era “… muy prolijo y limpio, y que se bañaba todas las tardes”. No tan diferente de nosotros, en realidad. Y, aunque la dama azteca de clase alta tenía una excelente variedad de pociones con las que trabajar, los aztecas eran definitivamente apasionados por la apariencia natural. De hecho, miraban con desprecio a las mujeres demasiado maquilladas.

Belleza cultura azteca

Belleza en la cultura azteca

Veamos a una auianime, o cortesana azteca, por ejemplo. Un azteca las describió con estos tonos débilmente desaprobadores: “Ella (la cortesana) maquilla su rostro con una crema amarilla llamada axin, la cual le da una tez resplandeciente; y siendo una mujer libertina, perdida, se pone colorete. Ella también tiene el hábito de blanquearse los dientes con cochinilla y usar el cabello suelto”.

De modo que, como una buena chica azteca, ¿cuál era la mejor manera de mantener tu buena apariencia, y cómo podías evitar ser vista como una cortesana desvergonzada? Pues bien, presta atención a este consejo de un buen padre azteca: “Escúchame, hija … el maquillaje y la pintura son cosas que usan las mujeres ligeras, criaturas desvergonzadas. Si quieres que tu marido te ame, viste bien, aséate y lava tu ropa”.

Belleza en la Cultura Azteca

De modo que, teniendo en cuenta ese sabio consejo, echemos un vistazo al régimen de belleza de las mujeres aztecas.

Cuidado personal

(Ten en cuenta que las recetas proporcionadas aquí, aunque provienen de fuentes aztecas, son solo proporcionadas como información y ¡NO se debe intentar prepararlas! Algunas plantas contienen sustancias químicas venenosas, las cuales podrían causar daños a tu salud).

Para mantener brillantes y lustrosas las largas y oscuras cabelleras, la mujer azteca aplicaría un fino acondicionador hecho con aceite de piedras de aguacate, mezclado con un poquito de axin para añadir más brillo y color. El axin es en realidad una sustancia amarilla grasosa producida por la pulverización de un insecto, también llamado axin (o, para darle su nombre oficial, Llaveia axinus). El axin produciría un agradable matiz amarillento en tu cabello.

Belleza azteca

Belleza azteca

Si te apetecía un tono más oscuro, entonces usarías arcilla negra, y la mezclarías con la corteza en polvo del uixachin (o, como lo conocemos, Acacia farnesiana). El uixachin podría haber producido un tono oscuro en el cabello porque contiene sustancias químicas llamadas taninos. Cuando los taninos se mezclan con el hierro, se producen pigmentos oscuros, algo que aprovechamos hoy en día cuando teñimos cuero. Se supone, pero puede ser que la “arcilla negra” que se utilizaba para elaborar este tinte de cabello azteca era negra porque contenía mucho hierro.

Ahora, ¿qué pasaba si tenías un poco de caspa? No había necesidad de preocuparse: la farmacia azteca tenía algo para eso. Ellos utilizaban las bayas o el yiamolli, coloquialmente conocidas como phytolacca americana. Esta es una planta que crece en todo el norte y el centro de América, ¡pero es bastante tóxica!

Limpieza

En lugar de las barras de jabón que utilizamos, los aztecas utilizaban dos plantas que tienen una acción jabonosa natural. Para lavarse la piel, usarían xiuhamolli, o Saponaria americana, la cual contiene sustancias químicas llamadas saponinas, que disuelven la grasa porque actúan como detergentes. Y, de acuerdo con Francesco Saverio Clavigero en la Historia de México, había incluso tipos de xiuhamolli que se podían utilizar para teñir el cabello dorado (sólo en caso de que no deseabas usar axin).

Para lavar su ropa, los aztecas usaban una planta llamada copalxocotl, o Cyrtocarpa procera. Los españoles llamaban a esta planta el “árbol de cuentas de jabón”, y estaban muy impresionados con su eficacia. Hernández escribió que los aztecas: “… colocan el fruto [del árbol de cuentas de jabón] en agua caliente, y con eso lavan su ropa tanto como con el verdadero jabón”.

Cuidado de la piel

Para mantener el rostro con una apariencia suave y sin pecas, los aztecas se aplicaban una preparación acuosa de ecapatli (Cassia occidentalis, un tipo de senna) y tlalquequetzal, un tipo de milenrama. Eso suena como una muy buena manera de lavarse la cara, excepto que la receta original azteca también dice hay que añadir ¡un poco de excremento de paloma! Talvez no.

Higiene azteca

Higiene azteca

Y, a pesar de que los aztecas no eran grandes admiradores del maquillaje, se sabía que para iluminar su piel usaban un poco de axina, ¡esa pasta de insectos de nuevo! o una pizca de una tierra amarilla llamada tecozauitl.

El cuidado de tus dientes

Los aztecas hacían su propia pasta de dientes a partir de una mezcla que suena bastante desagradable, hecha de raíces de tlatlauhcapatli (geranio, para nosotros), sal y chile. De estos ingredientes, la sal era probablemente la más útil en términos de mantener la boca limpia, porque ayuda a eliminar las infecciones de las encías (de hecho, tu dentista puede haberte aconsejado usar una solución diluida de sal si tienes dolor garganta o encías infectadas). También podrías haber usado un poco de iztauhyatl (un tipo de ajenjo, conocido como Artemisia mexicana), o frotarte los dientes con carbón. El carbón te hubiera ayudado a mantener tus dientes limpios actuando como un abrasivo, como nuestros cepillos de dientes.

Si tus encías están realmente en malas condiciones, trata de preparar una mezcla de yema de huevo y miel blanca, y añádele las semillas y raíces de una ortiga.

¡Malos hábitos!

Entonces, ¿qué no se debe hacer? Bueno, algunas mujeres tenían el hábito de mancharse los dientes de color rojo oscuro con cochinilla, un color rojo extraído al triturar al pobre viejo escarabajo Dactylopius coccus, pero esto era más una costumbre de los otomíes y los huaxtecos, y no tanto de esos refinados aztecas, aunque Jacques Soustelle escribe que “… algunas mujeres mexicanas lo habían hecho”. Hablando de los otomíes, ellos también estaban apasionados por sus tatuajes, pero, de nuevo, esto no era algo que los aztecas realmente aprobaban. En lo que respecta a Montezuma y a su gente, el aspecto natural y limpio ¡era realmente el camino a seguir!

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